jueves, 19 de junio de 2025

 


Ella, de rojo vestida, pasaba,

cabello de noche, mirada que embriaga.

Su andar era lento, su aroma, embeleso,

dejando un perfume de amores traviesos.


Él la observaba, con alma rendida,

mientras ella flotaba, lejana, escondida.

Notas sonaban con cada pisada,

y el viento escribía una historia callada.


Ella, distante; él, tan elegante,

deseando acercarse, llorando al instante.

Pero el miedo lo ataba, lo hacía temblar,

mientras ella, sin pausa, volvía a alejar.


Pasaron los años, se fue la emoción,

y ella habitaba otro viejo rincón.

Ella, de labios rojos, pasión encendida,

él solo miraba, con alma perdida.


Seguía el aroma que aún le dejaba,

suspiraba en silencio, la mente volaba.

No entendía el destino ni la lejanía…

Ella vivía, y él… era alma vacía.


Hay amores que arden, pero no se tocan,

que viven y duelen, aunque no se evocan.

Se aman, se buscan, y aunque se adoran,

jamás se alcanzan, jamás se devoran.


Hay amores que vienen de antiguas jornadas,

de vidas cruzadas, de almas selladas.

Y hay amores que mueren, sin haberse ido,

quedando en el alma… por siempre escondidos.



 ¿Por qué la sociedad teme tanto a lo diferente?

Es curioso cómo, cuando una persona no encaja en los moldes tradicionales, suele ser ella quien recibe la presión de cambiar, adaptarse o fingir que es “normal”. Se espera que los distintos se acomoden, se contengan, se expliquen… mientras la mayoría nunca se cuestiona su propia rigidez.
La verdad es que muchas personas no están emocional, psicológica ni culturalmente preparadas para convivir con la diferencia. Y es allí donde quienes pensamos, sentimos o nos expresamos de forma distinta, terminamos enfrentando un dilema silencioso: asumir roles que no nos pertenecen para encajar, o aceptar el rechazo social como parte de nuestra cotidianidad.
Esta presión no es imaginaria ni anecdótica. Estudios en psicología social han demostrado que el cerebro humano tiende a rechazar lo que se sale de la norma, un fenómeno conocido como sesgo de homogeneidad. Según investigaciones publicadas en la Journal of Personality and Social Psychology, las personas tienden a valorar más positivamente a quienes perciben como similares a sí mismas, y a desconfiar o excluir a quienes muestran rasgos diferentes (Park & Rothbart, 1982).
Además, la neurodivergencia, las altas capacidades, la sensibilidad emocional o incluso la creatividad intensa, son características que históricamente han sido malinterpretadas o patologizadas por una sociedad que busca el promedio, lo predecible, lo fácil de clasificar. Según la Dra. Elaine Aron, investigadora y autora del concepto de personas altamente sensibles, cerca del 20% de la población tiene un sistema nervioso más receptivo y profundo, lo que puede generar malentendidos y rechazos si no se comprende desde la empatía.
Es triste que, para ser aceptados, muchas personas se vean obligadas a ocultar su autenticidad, suavizar su intensidad o silenciar su esencia.
Pero la verdad es que la humanidad se enriquece con la diversidad.
No con lo que todos tienen en común, sino con lo que cada uno tiene de único.
La diferencia no debería ser un defecto a corregir, sino una riqueza a proteger.
Gracias por leer. (Alexandralasoprano)

martes, 17 de junio de 2025

Te tenía olvidado, pero hoy necesitaba escribirte.

 


Últimamente he estado algo asustada. Hay un hombre que me está acosando  y, para mi sorpresa, resultó ser gran amigo de un ex mío. Lo más lamentable es que no solo aparece en mis eventos, sino que incluso ha intentado besarme a la fuerza frente a varios colegas artistas. Ya varios compañeros han presenciado cómo me hostiga, cómo me mira con una morbosidad perturbadora y fuera de lugar.


Ese señor se me acerca  para hablarme de mi ex y muchas veces le digo que no quiero que me hablen de el. ya cuando alguien lo nombra solo digo: no quiero hablar de el, cambie de tema o me voy.. pero insistentemente empieza a contarme cosas repugnantes, historias realmente dolorosas que me han dejado helada. Cada palabra suya me produce un profundo rechazo. Siento tristeza, sí… pero sobre todo una especie de desilusión tan grande, que me ha hecho preguntarme cómo fue posible que yo alguna vez permitiera que un hombre así entrara a mi casa, a mi vida, a mi familia a mi piel.


Me habló de temas asquerosos… y no sé si sea el universo intentando abrirme los ojos, mostrándome a gritos con quién estuve realmente. Pero lo único que sé, es que mi ex y yo teníamos energías diferentes... ESTOY PROFUNDAMENTE DESEPCIONADA NO SOLO POR SU TRATO GROSERO HACIA MI, SI NO POR ENTERARME DE SUS ANDANZAS Y .... 


Yo soy una mujer valiosa, linda, fuerte, llena de luz. Le brinde mi hogar, mi cuerpo, sinnnn protección, hasta quise un hijo con el, pero nunca lo habría hecho si hubiera sabido, lo que ahora se, y ese amigo de el, no es la única persona que me ha contado cosas!!!... No merezco sentirme así. Ahora entiendo que muchas cosas no funcionaban, que todo se venía abajo, y era por la energía que él traía consigo: oscura, caótica, incompatible con quien soy yo ahora.

Él está acostumbrado a un estilo de vida que yo jamás le iba a ofrecer… porque yo no soy una mujer vacía, ni falsa, ni sin alma, nunca fui de tener sexo por tener, ni de ofrecerme por dinero... el al contrario, trabaja solo para pagarlo. 

Tampoco soy una mujer que se humilla, que se traiciona a sí misma o que permite que otros definan su valor.


Hoy comprendo que mi cuerpo, mi corazón, mi arte y mi energía son sagrados.

Y jamás volveré a entregar todo lo que soy a alguien que no se lo merece.


Con amor (y con fuego),


Alexandra.

lunes, 9 de junio de 2025

Ser cantante es ser canal.
Es mucho más que afinar, proyectar o ejecutar una melodía.
Los músicos —sobre todo quienes trabajamos en ceremonias como bodas, eucaristías o funerales— no solo llevamos un instrumento: nos convertimos en uno.
Nuestro cuerpo, nuestro aliento, nuestra piel y nuestras emociones son el canal por donde se mueve la energía del momento.

Cuando canto, no solo uso mi voz.
Uso mi alma.
Absorbo lo que hay en el ambiente: el amor profundo de una pareja que se jura eternidad, la gratitud infinita de una familia que celebra una vida, o el dolor callado de quienes despiden a un ser amado.
Esa energía —densa, vibrante, sanadora o desgarradora— entra en mí. La siento. La reconozco.
Y la transformo en sonido.

Cantar en una eucaristía es, para mí, una oración activa.
Una plegaria viva, elevada en cada vibración de mi garganta.
No canto solo por cumplir. Canto para honrar.
Canto para ayudar a que las almas suban, para que los vivos encuentren consuelo, para que el amor deje su huella aún en medio de la tristeza.
Mi voz no es mía en esos momentos. Es un vehículo sagrado.

Muchas veces la gente no lo ve.
Ven a la artista, al vestido, al escenario. Pero no ven el peso emocional que cargamos al final del día.
A veces llegamos a casa con un nudo en el pecho.
Con energía prensada en el cuerpo.
Porque absorbimos, porque sentimos, porque no somos indiferentes.
Incluso cuando el trato es frío, apresurado o grosero, no siempre respondemos igual. Lo canalizamos. Y seguimos.

Eso es ser cantante. Eso es ser músico.
Un trabajo invisible que trasciende lo técnico.
Un arte que no se mide solo por lo que se escucha, sino por lo que se transforma.
Y aunque no siempre se note…
Nosotros también necesitamos descanso, contención y amor.

Porque para poder sanar con nuestra voz… primero debemos cuidar nuestra alma.
(alexandralasoprano)



 

n medio del caos, de las tormentas emocionales, del ruido que retumba dentro y fuera de su mente… ella solo anhela una cosa: volver a ella.
No quiere luchar, no quiere huir, no quiere fingir.
Solo quiere habitarse.
Respirar su verdad. La música. El alma…
Vibrar con su esencia y naturaleza, Caminar largas horas sin rumbo.
Reconocerse sin máscaras.
Amarse sin condiciones.
Ser libre dentro de sí misma.
Y en ese silencio, ser todo lo que siempre fue.
Ella no está perdida. Solo está regresando a casa.”

Alexandra La Soprano



 

 NO ESTOY ACOSTUMBRADA A DIAS CAOTICOS, TIENDO A SENTIRME MAS VACIA CUANDO HAGO COSAS QUE TODO EL MUNDO HACE... ME HACE FALITA CONECTAR MAS CON LA NATURALEZA, LEJOS DE TANTA GENTE, LEJOS DEL CAOS.... ME SIENTO  EXHAUSTA...

martes, 3 de junio de 2025

Carta para un cierre del alma

 Cuando él se fue, juro que llegué a sentirme culpable. Me culpé por haberle dicho, en algún momento, que se fuera. Me sentí mala persona. Como si al haber abierto esa puerta, hubiera sido yo quien rompió todo.

Después vino el dolor. Ese que cala profundo. Y con él, la culpa volvió a tocar mi puerta muchas veces, como una sombra que se negaba a irse. Pero el tiempo, que todo lo pone en su sitio, me permitió entender algo que en ese momento no podía ver: esa relación necesitaba pasar por esa prueba, por ese dolor, por esa separación… para que yo pudiera ver la verdad.

Vi quién era él realmente.

No el que conocí en los primeros días, no el que mostraba a los demás. Vi al hombre que aparece bajo la rabia. Al que resuelve los conflictos desde el ataque o el silencio. Al que elige castigar en vez de comprender. Y aunque quise negarlo muchas veces, esa versión fue constante. Fue él.

Yo esperé. Esperé en silencio porque creí de corazón que él era el hombre de mi vida. Y en esa espera imaginé dos caminos: el de reencontrarnos, reconocer nuestros errores, perdonarnos y construir una relación sólida, evolucionada, donde ambos nos transformáramos en una mejor versión; o el de alejarnos definitivamente, si uno de los dos decidía no crecer.

Hoy sé que su decisión fue esa última.

Y fue precisamente EL MODO en que tomó distancia lo que más me reveló quién era.

Porque si este fue su trato cuando aún me amaba, ¿cómo sería el día que enfermara? ¿El día que envejeciera? ¿El día que ya no tuviera la voz que él admiraba, o la figura que alguna vez lo atrajo?

No quiero saberlo, porque ya lo vi.

Ya lo viví.

Ya no lo admiro, Ya no lo deseo,  lo vi de lejos y sentí nada... me decepcionó su grosería, porque revelo su total falta de educación y empatía. Juro que tuve intenciones de ser una serpiente y escupir veneno con todo lo que se que lo destruiría cuando yo tenia rabia, perooo siempre pensé en como se sentiría el con eso y mejor aun se, que me sentiría fatal conmigo misma despues, no se si a el mas adelante sentirá remordimiento pero no estaré para saberlo... 

Su trato fue el espejo que necesitaba para comprender que con él no iba a poder contar. No en lo profundo, no en lo humano, no en lo verdadero.

Ese hombre que me emocionaba al ver su entrega a causas nobles, que ayudaba a su mamá, que se conmovía por la gente en la calle, cuando me dio sus ahorros que con esfuerzo y humillaciones, musica y amor logro reunir para darme el regalo de pintar nuestro hogar, el cree que yo nunca me di cuenta de las veces que pedía alimento para traer a la casa y que el decia que compraba, nunca me importo porque lo amaba tanto... (una vez me aleje de alguien cuando me dijo que el hacia D y otra persona me digo que éramos la Dama y el vagabundo, otra persona hasta tubo el atrevimiento de decirme que el le gustaban las .... (hasta el son de hoy no les volví a dirigir la palabra y el  nunca supo que paso porque preferí confiar en el), o cuando estaba conmigo y le llego publicidad de prostíbulos,  … perdió todo valor en mi corazón cuando vi que con la persona que decía amar, con quien compartía su intimidad, con quien hizo promesas, fue capaz de actuar con crueldad y desprecio.

Y ahí entendí algo más.

Él me hizo comprender algo que no sabia:  la verdadera razon por la que me alejaba de mis EX parejas... no era porque no los quisiera.. era encontrarme con que YA NO LOS ADMIRABA.

A mí no me rompe la ausencia de mi amor, estoy segura que si veo que alguien me quiere y yo ya no lo quiero, seguiría con el con tal de no hacerle daño.. PERO me rompe PERDER ADMIRACION


. ver la verdad de lo que alguien es en lo más oscuro.

Y cuando eso se muestra, mi corazón se cierra sin marcha atrás.

Hoy me voy con la frente en alto.

Porque fui leal a mis convicciones.

Porque, aunque no fui perfecta, hice las cosas desde mi humanidad. Cometí errores, lo reconozco. Fallé, claro que sí. Pero jamás lo engañé. Nunca le mentí. Nunca le fui infiel. Siempre estuve ahí, dándolo todo, desde el alma.

Sin embargo, él eligió creer en los demás.

Eligió las voces externas en lugar de su propio corazón. Y eso, para mí, fue suficiente.

Porque en el fondo, sé que él sintió que se estaba equivocando. Sé que algo dentro de él gritaba que estaba perdiendo algo valioso. Pero no se escuchó. No creyó en su intuición. Prefirió las ideas ajenas a la verdad de su sentir.

Y ese fue su mayor error.

No el que me dolió más, pero sí el que me ayudó a sanar.

Hoy no le guardo odio, ni rencor.

Tampoco cariño.

Lo que siento es un agradecimiento silencioso, porque su manera de irse me dio la paz que no encontraba para irme yo.

Y aunque esa historia no terminó como soñé, me enseñó todo lo que necesitaba para no volver jamás.