jueves, 19 de junio de 2025

 


Ella, de rojo vestida, pasaba,

cabello de noche, mirada que embriaga.

Su andar era lento, su aroma, embeleso,

dejando un perfume de amores traviesos.


Él la observaba, con alma rendida,

mientras ella flotaba, lejana, escondida.

Notas sonaban con cada pisada,

y el viento escribía una historia callada.


Ella, distante; él, tan elegante,

deseando acercarse, llorando al instante.

Pero el miedo lo ataba, lo hacía temblar,

mientras ella, sin pausa, volvía a alejar.


Pasaron los años, se fue la emoción,

y ella habitaba otro viejo rincón.

Ella, de labios rojos, pasión encendida,

él solo miraba, con alma perdida.


Seguía el aroma que aún le dejaba,

suspiraba en silencio, la mente volaba.

No entendía el destino ni la lejanía…

Ella vivía, y él… era alma vacía.


Hay amores que arden, pero no se tocan,

que viven y duelen, aunque no se evocan.

Se aman, se buscan, y aunque se adoran,

jamás se alcanzan, jamás se devoran.


Hay amores que vienen de antiguas jornadas,

de vidas cruzadas, de almas selladas.

Y hay amores que mueren, sin haberse ido,

quedando en el alma… por siempre escondidos.

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