martes, 3 de junio de 2025

Carta para un cierre del alma

 Cuando él se fue, juro que llegué a sentirme culpable. Me culpé por haberle dicho, en algún momento, que se fuera. Me sentí mala persona. Como si al haber abierto esa puerta, hubiera sido yo quien rompió todo.

Después vino el dolor. Ese que cala profundo. Y con él, la culpa volvió a tocar mi puerta muchas veces, como una sombra que se negaba a irse. Pero el tiempo, que todo lo pone en su sitio, me permitió entender algo que en ese momento no podía ver: esa relación necesitaba pasar por esa prueba, por ese dolor, por esa separación… para que yo pudiera ver la verdad.

Vi quién era él realmente.

No el que conocí en los primeros días, no el que mostraba a los demás. Vi al hombre que aparece bajo la rabia. Al que resuelve los conflictos desde el ataque o el silencio. Al que elige castigar en vez de comprender. Y aunque quise negarlo muchas veces, esa versión fue constante. Fue él.

Yo esperé. Esperé en silencio porque creí de corazón que él era el hombre de mi vida. Y en esa espera imaginé dos caminos: el de reencontrarnos, reconocer nuestros errores, perdonarnos y construir una relación sólida, evolucionada, donde ambos nos transformáramos en una mejor versión; o el de alejarnos definitivamente, si uno de los dos decidía no crecer.

Hoy sé que su decisión fue esa última.

Y fue precisamente EL MODO en que tomó distancia lo que más me reveló quién era.

Porque si este fue su trato cuando aún me amaba, ¿cómo sería el día que enfermara? ¿El día que envejeciera? ¿El día que ya no tuviera la voz que él admiraba, o la figura que alguna vez lo atrajo?

No quiero saberlo, porque ya lo vi.

Ya lo viví.

Ya no lo admiro, Ya no lo deseo,  lo vi de lejos y sentí nada... me decepcionó su grosería, porque revelo su total falta de educación y empatía. Juro que tuve intenciones de ser una serpiente y escupir veneno con todo lo que se que lo destruiría cuando yo tenia rabia, perooo siempre pensé en como se sentiría el con eso y mejor aun se, que me sentiría fatal conmigo misma despues, no se si a el mas adelante sentirá remordimiento pero no estaré para saberlo... 

Su trato fue el espejo que necesitaba para comprender que con él no iba a poder contar. No en lo profundo, no en lo humano, no en lo verdadero.

Ese hombre que me emocionaba al ver su entrega a causas nobles, que ayudaba a su mamá, que se conmovía por la gente en la calle, cuando me dio sus ahorros que con esfuerzo y humillaciones, musica y amor logro reunir para darme el regalo de pintar nuestro hogar, el cree que yo nunca me di cuenta de las veces que pedía alimento para traer a la casa y que el decia que compraba, nunca me importo porque lo amaba tanto... (una vez me aleje de alguien cuando me dijo que el hacia D y otra persona me digo que éramos la Dama y el vagabundo, otra persona hasta tubo el atrevimiento de decirme que el le gustaban las .... (hasta el son de hoy no les volví a dirigir la palabra y el  nunca supo que paso porque preferí confiar en el), o cuando estaba conmigo y le llego publicidad de prostíbulos,  … perdió todo valor en mi corazón cuando vi que con la persona que decía amar, con quien compartía su intimidad, con quien hizo promesas, fue capaz de actuar con crueldad y desprecio.

Y ahí entendí algo más.

Él me hizo comprender algo que no sabia:  la verdadera razon por la que me alejaba de mis EX parejas... no era porque no los quisiera.. era encontrarme con que YA NO LOS ADMIRABA.

A mí no me rompe la ausencia de mi amor, estoy segura que si veo que alguien me quiere y yo ya no lo quiero, seguiría con el con tal de no hacerle daño.. PERO me rompe PERDER ADMIRACION


. ver la verdad de lo que alguien es en lo más oscuro.

Y cuando eso se muestra, mi corazón se cierra sin marcha atrás.

Hoy me voy con la frente en alto.

Porque fui leal a mis convicciones.

Porque, aunque no fui perfecta, hice las cosas desde mi humanidad. Cometí errores, lo reconozco. Fallé, claro que sí. Pero jamás lo engañé. Nunca le mentí. Nunca le fui infiel. Siempre estuve ahí, dándolo todo, desde el alma.

Sin embargo, él eligió creer en los demás.

Eligió las voces externas en lugar de su propio corazón. Y eso, para mí, fue suficiente.

Porque en el fondo, sé que él sintió que se estaba equivocando. Sé que algo dentro de él gritaba que estaba perdiendo algo valioso. Pero no se escuchó. No creyó en su intuición. Prefirió las ideas ajenas a la verdad de su sentir.

Y ese fue su mayor error.

No el que me dolió más, pero sí el que me ayudó a sanar.

Hoy no le guardo odio, ni rencor.

Tampoco cariño.

Lo que siento es un agradecimiento silencioso, porque su manera de irse me dio la paz que no encontraba para irme yo.

Y aunque esa historia no terminó como soñé, me enseñó todo lo que necesitaba para no volver jamás.

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