Señor mío,
te hablo desde lo más hondo,
desde el rincón donde el alma se arrodilla
cuando ya no sabe cómo pedir sin romperse.
Te hablo como hija, como mujer, como niña que ha amado
y ha salido herida de batallas que no empezó,
pero que enfrentó con el corazón desnudo.
Te pido, Dios eterno,
al hombre de mis sueños.
No el perfecto, no el sin heridas,
sino el que haya sabido remendarse con dignidad.
Te ruego por un hombre que me vea
no con ojos de posesión,
sino con la ternura de quien encuentra un hogar
en una mirada.
Envíame a ese ser valiente,
que no tema al amor por sus pasados rotos,
que no huya de mi intensidad,
que no se esconda tras su ego,
que no use mis heridas para abrirlas más.
Un hombre que no me vea como un campo de batalla,
sino como un templo donde el amor se honra.
Quiero un amor que abrace cuando yo me caiga,
que no me mire con desprecio cuando esté rota,
que no utilice mis inseguridades para herirme,
sino que me tome de la mano y me diga:
“Aquí estoy, contigo, aunque tiemble el mundo.”
Quiero un hombre que no me ame desde el miedo,
sino desde la verdad.
Que no huya,
que no desaparezca cuando más lo necesito,
que no castigue mi entrega,
sino que celebre mi alma desnuda.
Te pido, Padre, un compañero de lucha,
de risas, de sueños, de silencios.
Que cuando cante, me escuche;
que cuando llore, no me juzgue.
Que cuando brille, no intente apagarme,
sino que brille conmigo.
Señor, si estás preparando ese amor,
haz que también él me sueñe.
Haz que su corazón me presienta en el viento,
en la música, en el cielo de una madrugada.
Que sepa esperarme sin rendirse.
Que no llegue a mí por necesidad,
sino por propósito.
Al universo también le hablo.
¡Oh, universo bendito,
concédeme el milagro de ser amada sin condiciones!
Que mi alma se una a otra alma que comprenda,
que me reconozca,
que me abrace entera, con mi luz y mis sombras.
Y si aún no es el tiempo,
dame la paz para seguir amándome,
la fe para seguir creyendo,
la fuerza para seguir esperando
sin volverme piedra,
sin cerrar mi corazón.
Pero si está cerca…
si ya lo estás moldeando con tus manos de amor,
tráelo a mí sin máscaras,
sin excusas,
sin miedos.
Porque yo, Señor…
sigo creyendo en el amor que viene de Ti,
y en el alma que sabrá, al mirarme,
que al fin ha llegado a casa.
Amén 🙏

0 comentarios:
Publicar un comentario